lunes 23 de febrero de 2026

Editorial 2-03-2025

Soberbio “regalo”

Tenía la posibilidad de cerrar un ciclo político con posiblemente más elogios que condenas, pero…
domingo 02 de marzo de 2025

La semana que concluye, Juan Evo Morales Ayma dejó el Movimiento Al Socialismo (MAS) muy a su estilo: con soberbia. 


Lo hizo lejos, cada vez más lejos, de sus cúspides de popularidad que le permitieron llegar y luego sostenerse en la Presidencia con cifras récord de apoyo popular (53,72% en 2005, 64,22% en 2009 y 63,36% en 2014). Fue el tercer mandatario boliviano en la historia de la República elegido por mayoría absoluta de votos, después de Hernán Siles Zuazo en 1956 y de Víctor Paz Estenssoro en 1960.


Tenía la posibilidad de cerrar un ciclo político con posiblemente más elogios que condenas, pero su ambición política pudo más y, guiado por ella, esta vez se prestó una sigla que antes utilizó un candidato conservador, dejó de usar los tonos azules del frente que lo catapultó a lugares que muchos políticos envidiarían, presentó su renuncia al Movimiento Al Socialismo (MAS) mediante un poder notarial y, cargado de rencor, desde su autoexilio en Lauca Ñ, literalmente regaló el partido a su exministro de Economía (ahora Presidente) Luis Arce Catacora, y a sus seguidores.


“Él nos desgasta, nos quita votos. Que se vaya con su MAS, ya es su MAS. Se lo regalamos, nosotros vamos a parir otro partido político al servicio de la gente humilde”, anunció, un día después de que Arce marcara distancia definitiva con él al señalar que no puede ser su hermano ni compañero alguien que trata de desbaratar su gestión por ambiciones personales.


Morales marcó la historia del país desde que en 1988 fue elegido secretario ejecutivo de la Federación del Trópico de Cochabamba, iniciando una dura lucha en defensa de la hoja de coca, con episodios como la Marcha por la Vida, la Coca y la Dignidad de 1994, que llevó a que políticos y académicos de izquierda lo nominaran para el Premio Nobel de la Paz en dos oportunidades.


Pero definitivamente impuso su sello desde hace 28 años, cuando en 1997 fundó el MAS, partido con el que ese mismo año llegó al Parlamento como diputado por Cochabamba con 70% de respaldo en urnas. De ahí en adelante fue en ascenso político.


En las elecciones presidenciales de 2002, Morales alcanzó el 20,9% de los votos, 1,6% menos que el ganador, Gonzalo Sánchez de Lozada del MNR. También se presentó como candidato a diputado y ganó el escaño por su circunscripción con el 81,3% de los sufragios.


En las elecciones de 2005, tras la renuncia de Carlos Mesa, tomó la silla presidencial con 53,72% de respaldo nacional, 25,15% por encima del segundo postulante, Jorge Tuto Quiroga, quien ahora se perfila como uno de los principales precandidatos de la oposición.


De ahí en adelante, arropado por los colores del MAS y el discurso de que es el instrumento por la soberanía de los pueblos, encabezó un gobierno de 14 años que en 2019 terminó con su renuncia debido al creciente descontento social por su continuismo.


No obstante, desde su exilio volvió a llevar la bandera del MAS a la Presidencia, aunque delegando la responsabilidad a su exministro Luis Arce, a quien perfiló como candidato por encima de la decisión de las bases masistas, que habían elegido a David Choquehuanca. Las cosas no salieron como esperaba, Arce no quiso cumplir el papel que le había preparado.


Hasta el año pasado, cuando fue sustituido en la presidencia por Grover García, Morales mantuvo 27 años de control del MAS, la mitad de ellos sentado en la silla presidencial. Ahora se despoja de su militancia, impulsa una renuncia colectiva e insiste en postular a la Presidencia no obstante que un fallo constitucional impide una segunda reelección. Y dice que regala el partido, como si fuera suyo.


Leonardo Loza, uno de sus fieles seguidores, hizo algo parecido al referirse al curul que el voto popular le entregó en el Senado. “Si quieren se los regalo, no hay ningún problema, me ahorraría mi tiempo “, dijo. Posiblemente busca también una candidatura.

 

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