Editorial 30-06-2024
¿Militar de honor, general del pueblo y líder planetario?
La semana concluye con un vergonzoso episodio protagonizado por el autocalificado “militar de honor”, “general del pueblo” y “líder planetario” Juan José Zúñiga Macías, un uniformado que llegó al generalato y luego a la comandancia del Ejército de la mano del presidente Luis Arce Catacora, contra quien luego se alzó junto con un reducido grupo de militares y civiles, en un episodio lleno de curiosos sucesos que dejan dudas sobre si se trató de un intento de golpe, como sostiene el Gobierno, o de un “autogolpe”, como señaló el protagonista.
Lo que sí es cierto es que el general era un “militar de honor” solo en sus discursos, y “general del pueblo” y “líder planetario” en sus acalorados sueños, porque no solamente tiró al piso la imagen de las Fuerzas Armadas, que hace cuatro décadas habían eliminado de su historial sus incursiones golpistas, sino que además dejó al país muy mal parado y a los bolivianos con una acentuada sensación de inestabilidad.
Golpe fallido o “autogolpe”, Zúñiga no cumplió con su rol constitucional de garantizar la “seguridad y estabilidad del Estado”, “asegurar el imperio de la Constitución” y “garantizar la estabilidad del Gobierno legalmente constituido” (art. 245). Puso al país en vilo, atentó contra la democracia y reflotó las interrogantes sobre el papel político que juegan las FFAA y, en particular, los jefes militares.
Zúñiga ya había sido observado, cuando en noviembre de 2022 fue nombrado por Arce comandante del Ejército, porque carecía de los méritos militares necesarios y porque estuvo implicado en un caso de desvío de dinero del Estado.
En el orden de calificaciones de su promoción, la de 1990, había ocupado el puesto 48 entre 65 oficiales. Y en 2013 había sido acusado por el desfalco de 2,7 millones de bolivianos destinados al pago de bonos gubernamentales cuando era comandante del Regimiento Max Toledo. Nada de esto impidió que ocupe el puesto más alto del Ejército y que luego Arce lo ratificara.
En diciembre de 2022, un mes después de haber sido nombrado en el cargo, Zúñiga dijo que los militares no deberían quedar en “silencio” ante los aprestos desestabilizadores de pequeñas logias, en alusión a los cívicos cruceños que entonces plantearon una nueva relación política de Santa Cruz con el Estado.
Legisladores de la oposición, como el senador de Creemos Henry Montero, pidieron entonces al presidente Arce su inmediata destitución por haber emitido un discurso político violando los artículos 4 y 18 de la Ley Orgánica de las Fuerzas Armadas, pero el Jefe de Estado no escuchó los reclamos y el Ministro de Defensa salió en defensa del militar.
Un año más tarde, durante el acto por los 213 años de la creación del Ejército de Bolivia, Zúñiga pronunció otro discurso político, en el que habló de intentonas golpistas. “Quiero decirles a aquellos antipatrias, a la quinta columna que siempre ha existido a lo largo de la historia: no pierdan su tiempo golpeando los cuarteles en busca de Kalimanes; ya no hay Kalimanes, no pierdan su tiempo”, dijo, en referencia al ex comandante de las FFAA, Williams Kaliman, quien en 2019 sugirió la renuncia del entonces presidente Evo Morales y luego fue procesado por un presunto golpe.
Entonces se declaró un “militar de honor” comprometido con la defensa del gobierno legalmente constituido, tal como lo volvió a hacer durante la entrevista televisiva que ofreció el pasado lunes, dos días antes de ponerse el uniforme de campaña y subir a una tanqueta que lo trasladó hasta la Plaza Murillo con el objetivo de “restituir la democracia”; aunque después, ya a punto de ser arrestado por la Policía, cambió su versión y aseguró que en realidad seguía un plan acordado con el presidente Arce para levantar su popularidad.
Luego el Gobierno descubrió que se hacía llamar “general del pueblo” y “líder planetario”, conceptos que de alguna manera describen la personalidad narcisista y arrogante del militar insurrecto.