Editorial 14-07-2024
Transporte alternativo y libre mercado
La pasada edición dominical de Visión 360 (7 de julio) propuso a sus lectores un tema que no ocupó espacios protagónicos en las entregas informativas de la semana (ocupadas en la pulseta masista y el futuro de las elecciones primarias y judiciales), pero que sí afecta directamente el día a día de la población: la situación del transporte urbano con la presencia de nuevas opciones vinculadas a los avances de la tecnología y alejadas de los tradicionales servicios públicos, sindicalizados y libres.
Un reportaje de este medio permitió establecer que el transporte alternativo, ese que utiliza las aplicaciones digitales o el que conforman grupos privados, se encuentra en franco crecimiento en las ciudades de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, principalmente por dos motivos: el precio y la seguridad, aunque también por factores como la limpieza, el trato y la velocidad en la respuesta a la solicitud del servicio.
Son cada vez más los ciudadanos que utilizan Uber, inDrive o Yango para movilizarse en las ciudades del eje central del país, mientras que otros optan por servicios como Mujeres al Volante o la Línea Violeta, en especial madres y padres de familia que lo que más valoran en este tipo de servicios es la seguridad que ofrecen para sus hijos.
Claro, la noticia no cae bien a los choferes del transporte sindicalizado ni a los del transporte libre, que ya han comenzado a demandar que el Gobierno emita alguna normativa que regule estos servicios.
“Hay una competencia desleal de estas aplicaciones, porque tienen la ventaja económica y respaldo de empresas transnacionales y han comenzado a regatear el pasaje y eso ha liquidado a radiotaxis y taxis libres. No tienen un domicilio legal”, ha dicho, por ejemplo, el ejecutivo de la Federación Departamental de Transporte Libre de La Paz, Limber Tancara.
Habrá que apuntar en que el “respaldo de empresas internacionales” está en el uso de las aplicaciones, que son libres, y que el regateo del precio no es malo, ni para usuarios ni para quienes ofrecen el servicio. Simplemente busca un punto medio en que unos ganen y otros paguen lo justo.
¿O acaso alguna vez usted no fue víctima del cobro arbitrario de tarifas por encima de lo fijado, con argumentos como horario o las dificultades para llegar de un punto a otro? ¿No le pasó que al tomar un servicio de radiotaxi un chofer de la misma línea le cobró más que otro de sus compañeros? ¿O alguna vez no se olvidaron de su solicitud y llegó tarde a una cita?
Si quieren una regulación, la mejor es la de la libre oferta y demanda, es la competencia. Así, ellos pueden recobrar su mercado ofreciendo mejores condiciones, tarifas competitivas y seguridad en su servicio. Hay infinidad de formas de hacerlo y el uso de la tecnología transnacional está abierto para todos.
Los dirigentes de estos sectores deberían estar más preocupados en ello, que en buscar trabas para una competencia que seguirá ganando terreno si no mejoran las condiciones del servicio que ofrecen sus afiliados.
Uber, una de las plataformas internacionales que se encuentra en Bolivia desde hace siete años, ya facilitó el transporte de más de 47 millones de usuarios en 31 millones de viajes y la cifra crece día a día, a la par de que más usuarios se van familiarizando con el uso de la aplicación. Además, se han generado fuentes de empleo para personas que quedaron desempleadas y que ahora pueden lograr un ingreso sin necesidad de estar afiliados a sindicatos y asociaciones.
Una usuaria que recurre a las plataformas para movilizarse contó a Visión 360: “Llegan rápido, es menos costoso que un taxi. Por ejemplo, en El Alto un taxi me cobra mínimo 60 bolivianos desde la Ceja a la zona Huayna Potosí y un Yango me lleva por la mitad de ese precio”.
Así las cosas, no cabe duda de que el transporte alternativo continuará ganando terreno en el país.