2024-07-22

Editorial 21-07-2024

Tiktokers

No se trata de que los contenidos sean únicamente educativos o informativos; hay espacio para todo, pero con responsabilidad.

Hace un tiempo se armó una enorme polémica porque el periodista Víctor Hugo Rosales cuestionó que un grupo de música nacional incluyera en su última producción a una tiktoker para lograr mayor popularidad. Dijo que, en su criterio, bastaba con el talento del grupo.


Varios generadores de contenido y usuarios de redes sociales, en especial TikTok, se declararon ofendidos y arremetieron contra Rosales. Para lograr mayor impacto en sus ataques contra el Premio Nacional de Periodismo en Televisión, señalaron que el periodista había dicho que “los tiktokers no sirven para nada”, cuando en realidad esas no fueron exactamente sus palabras.


Lo que dijo fue que a él no le gustaban los tiktokers “que no aportan, que no representan algo digno de contenido para ayudar a las nuevas generaciones, algo que realmente repercuta en algo más productivo”. 
Poco antes, el Ministerio de Gobierno recibió una lluvia de críticas por haber llevado a un tiktoker a un operativo antidrogas en la región del Trópico de Cochabamba. “Si esto es cierto, entonces los operativos que realiza el Ministerio de Gobierno son un chiste (…) Esto tiene que investigarse, con razón somos un chiste para todo el mundo”, cuestionó, por ejemplo, el diputado Patricio Mendoza, del Movimiento Al Socialismo.


“¿A quién se le ocurre llevar a un tiktoker a la destrucción de una fábrica de cocaína en Cochabamba, exponiendo su vida; además, exponiendo las identidades de las tropas especiales que acompañan este tipo de operaciones incógnitas para hacerle frente a este crimen organizado?”, criticó el diputado Alejandro Reyes, de Comunidad Ciudadana.


Ahora estalló una tercera polémica con un tiktoker y va más allá de una crítica por el tipo de contenido o el papel de uno de ellos en un asunto tan delicado como es la lucha contra el narcotráfico. En esta oportunidad el caso llegó a tribunales con un generador de contenidos denunciado penalmente por discriminación e incitación al racismo.


Se trata del joven alteño Rubén Blanco, quien lanzó atrevidas críticas a un baile que ya es parte de la tradición potosina: Los Mineritos. El tiktoker dijo que quienes lo bailan son “mugrosísimos”, “recogebasuras” y que su futuro podría quedar sucio si él lo hiciera, porque si bien no tiene dinero, tiene “clase”.


Claro, sus dichos indignaron a las autoridades y habitantes de Potosí, quienes le pidieron una retractación pública. Su respuesta fue otra sarta de provocaciones. Dijo que no tenía miedo a una acusación sin sustento, que por encima de todo estaba su derecho a la libertad de expresión y que los que le acusaban seguramente eran unos viejitos que no saben ni leer. “Que se quejen a quien quieran, la ley no les va hacer caso”, sentenció.


Bueno, la ley hizo caso y el Ministerio Público aceptó la denuncia presentada contra Blanco por el diputado Juan José Tórrez y ahora el tiktoker deberá responder a las acusaciones por “difusión en incitación al racismo o a la discriminación”.
Es a este tipo de “influencers” a los que posiblemente se refirió el periodista Rosales y desde este espacio debemos decir que estamos absolutamente de acuerdo con que los generadores de este tipo de contenido, que descalifican, desorientan y agreden, no aportan nada.


Y no se trata de que los contenidos sean únicamente educativos o informativos; hay espacio para todo, pero con responsabilidad.


Tal vez el referido tiktoker no merece la pena máxima de cinco años con que se castiga el delito por el que es acusado, pero debería recibir alguna lección para aprender a medir sus palabras, al menos por respeto a la comunidad que le sigue, que en una de sus cuentas llega a más de 30 mil personas.


De no ser así, es posible que siga insistiendo con agresiones  o mensajes llenos de mentiras y desinformación, como el que difundió anunciando que ganaría con facilidad las elecciones presidenciales de 2025, simplemente juntando firmas para que lo respalden en su cometido y consiguiendo el aval de algún partido político. 

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