2024-12-09

Editorial 8-12-2024

Encuestas

Como decimos en la jerga periodística, es mejor recibir una patada que cometer un error.

Una encuesta es tan fiable como lo sean los procesos que sustentan su diseño, aplicación y análisis. La combinación de una muestra representativa, preguntas claras, un método adecuado, transparencia metodológica y un análisis riguroso pueden garantizar que los resultados reflejen de manera precisa y válida la realidad que se pretende medir, la realidad del momento, no la que se avecina.

Rumbo a las elecciones generales de 2025, para las que se emitirá convocatoria dentro de cuatro meses, en este final de año se desató una avalancha de encuestas de intención de voto que, lejos de influir en la percepción ciudadana, que seguramente era su intención, sembró un elevado nivel de desconfianza en este tipo de estudios, algunos de ellos difundidos en medios de comunicación y en redes sociales sin la debida verificación sobre su respaldo técnico, metodología, procedencia o financiamiento.

Entre agosto y septiembre el analista y consultor político Ricardo Paz contabilizó al menos una docena de encuestas preelectorales que se publicaron en diversos medios o que se divulgaron en reuniones privadas. Encuestas de intención de voto sin candidatos inscritos y listas elaboradas con base en perfiles de popularidad o recorrido político de los elegidos, incluidos algunos que ni siquiera expresaron oficialmente su intención de postularse a la Presidencia.

“Los números que presentan, así como la posición de los precandidatos, varían de manera casi total, comparando unas con otras. No encontré un solo elemento común a todas ellas, ni el supuesto puntero, ni los eventuales coleros; no, no había nada que fuera común a todas”, describió en una columna publicada en Visión 360 el pasado 3 de octubre. O sea que cada encuesta tomó una fotografía absolutamente diferente de la percepción ciudadana, como si se tratase de realidades paralelas.

Ya entre octubre y la anterior semana continuaron apareciendo más y más encuestas con las mismas características, unas dando la mayor preferencia al ex presidente Evo Morales; otras al presidente Luis Arce; otra al ex presidente Jorge Tuto Quiroga; otra al alcalde de Cochabamba, Manfred Reyes Villa; y una reciente mostrando un empate entre este último y Morales, quien se quedó sin partido y que, además, según un fallo constitucional, se encuentra inhabilitado para participar en los próximos comicios.

 “Según estos sondeos, Jorge Tuto Quiroga muestra un crecimiento significativo, mientras que Manfred Reyes Villa experimenta un desplome, y Rodrigo Paz Pereira surge como una sorpresa”, informó el 17 de noviembre un medio de alcance nacional refiriéndose a una encuesta atribuida a un empresario privado. 11 días después, el 28 de noviembre, otro medio informó: “El alcalde de Cochabamba, Manfred Reyes Villa, encabeza la intención de voto presidencial, según un estudio de la consultora internacional Morris&Co”.

Y la última, y que desató la mayor polémica en el país por los errores detectados en ella, publicada a principios de mes, declaró un empate en la preferencia ciudadana entre Reyes Villa y Morales, y ubicó a Quiroga en el cuarto lugar.

Este carnaval de datos, obviamente, genera una justificada desconfianza y sospechas de que nos encontramos ante políticos y otros actores desesperados en utilizar esta herramienta para influir en la percepción ciudadana y en los financiadores de campañas.

Por ello, Visión 360 vio por conveniente no difundir estos trabajos sobre intención de voto, al menos mientras no estén dadas las condiciones, para no incurrir en alguna equivocación. Es cierto que difundir estas encuestas puede generar importante tráfico para el medio en sus plataformas digitales, es cierto que corremos el riesgo de quedar  “resfriados” frente a la competencia, es cierto que algunas encuestas podrían contener datos certeros; pero, como decimos en la jerga periodística, es mejor recibir una patada que cometer un error.

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