2025-02-02

Editorial 2-02-2025

BoA no puede seguir así

Al final no se tuvo que lamentar nada más que el desperfecto en la aeronave, que ahora quedó fuera de servicio, pero habrá que admitir que el incidente contribuyó, y mucho, a que aumente la desconfianza en esta empresa.

Lo que ocurre con Boliviana de Aviación (BoA) ya es más que un cúmulo de incidentes aislados que suelen formar parte del recorrido de las empresas de este tipo en el mundo. Los problemas son tan recurrentes que los usuarios pueden llenar libros de quejas y los especialistas consideran que ya es tiempo de una intervención y reforma radical de la empresa, que esté acompañada de la apertura del mercado de aeronavegación en el país y hasta de la reforma del modelo económico.


Con la cantidad de antecedentes acumulados, desde este espacio coincidimos plenamente en la necesidad de avanzar en esa línea y acelerar una reforma que apunte a garantizar el buen servicio y, sobre todo, la SEGURIDAD de los usuarios.


Al inicio del año, en 21 días se registraron al menos dos incidentes en vuelos de BoA. El primero ocurrió el 7 de enero, cuando una de sus aeronaves abortó abruptamente su despegue del aeropuerto de Alcantarí, en Sucre. Los pasajeros que se dirigían a Santa Cruz tuvieron que esperar más de una hora y la explicación de la empresa fue que la aeronave “experimentó una vibración al momento de iniciar el despegue, motivo por el cual se activó una luz de alerta correspondiente a una válvula del sistema de aire acondicionado, el piloto, en cumplimiento de los protocolos de seguridad establecidos decidió interrumpir el despegue y retornar a la plataforma del Aeropuerto de Sucre”.


El pasado lunes 27 el susto fue mayor para 137 pasajeros y 7 tripulantes que se encontraban en la aeronave con matrícula CP – 2923, que intentaba despegar desde el aeropuerto Jorge Wilstermann de Cochabamba con destino a Santa Cruz. Después de iniciar el despegue, la aeronave frenó repentinamente y el piloto llamó a abandonarla utilizando el tobogán de seguridad. Lo que ocurrió fue que un motor comenzó humear y encendió una luz de alarma.


Comenzando por el piloto, el personal de la empresa cumplió con los protocolos, pese a que algunos pasajeros no contribuyeron debido a su nerviosismo. Al final no se tuvo que lamentar nada más que el desperfecto en la aeronave, que ahora quedó fuera de servicio, pero habrá que admitir que el incidente contribuyó, y mucho, a que aumente la desconfianza en esta empresa.


BoA informó que el motor que falló había sido reparado en EEUU y que aún le quedaban 4.121 ciclos, que quiere decir encendidos para realizar vuelos. Luego se conoció que el avión, que hizo su primer vuelo en 2022 y que ya tuvo cuatro anteriores dueños, hizo 256 vuelos en el último mes, es decir 8,5 por día, el 44% de ellos demorados, según recuento elaborado por la página Verdad con Tinta, con base en datos de las herramientas Flightrader24, Flightera y Airfleets.


Y poco después el gerente de la estatal, Ronald Casso, contó que 7 de las 22 aeronaves con que cuenta la empresa se encuentran en mantenimiento, lo que quiere decir que con 15 aeronaves tienen que cubrir todas sus rutas, nacionales (11) e internacionales (8), y en todos los horarios. Por ejemplo, a nivel local, realiza un promedio de 13 vuelos diarios entre La Paz y Santa Cruz (con y sin conexión). 


El jueves, el director de BoA, José Iván García, explicó que no existe un monopolio, ya que 15 empresas aéreas operan en el país, de las cuales 10 son extranjeras, y que además dos operadores aéreos internacionales están en proceso de certificación para volar en Bolivia: Arajet, de República Dominicana, y Flybondi, de Argentina.


Argumentó que BoA opera con la mayor cantidad de rutas nacionales e internacionales “en ausencia de inversión privada”. Lo cierto e irrefutable es que BoA no puede seguir así.

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